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¿para cuándo el cuidado del proveedor?

Nací en el año 1960 en el seno de una familia humilde donde convivíamos mis padres, mi hermana mayor y mis dos hermanos, uno mayor y el otro menor que yo. También estaba allí mi abuela, de quien supe, que no era realmente mi abuela, sino mi bisabuela. No recuerdo cuando lo descubrí o me lo dijeron, simplemente estaba allí, y estuvo bastante tiempo.

Crecimos con una serie de valores de los que algunos encuentro a faltar hoy en día.

Y quizá estés pensando ¿qué tiene esto que ver con el título de este post?. Tiene mucho que ver, ya verás.

Hay valores como el cuidado y respeto del medio ambiente con los que yo conviví desde que nací. Mi madre me decía: “Vete a la mercería y que te den una onza de colonia”, y me daba el frasco de plástico blando con el que nos rociaba la cabeza cada mañana para intentar bajarnos a los tres los remolidos de la coronilla (sin demasiado éxito por cierto), al tiempo que oliésemos bien para ir al colegio. Y yo iba a la mercería que había en una calle cercana y la señora de la mercería me rellenaba el frasco con las instrucciones que me había dado mi madre… eso sí, con un chorrito final de más de cortesía. Era lo que podríamos llamar ahora “comercio de cercanía” y “envases 0”.

Así de esta manera viví muchos años, haciendo cosas de manera natural, que me entrenaron en el uso lógico y responsable de las cosas. Iba a la bodega a por un “duro” de hielo que traía a casa en una especie de bolsa en forma de red que estaba allí cuando nací y que estuvo allí por años y años. Mi hermano y yo andábamos buscando botellas de “champan” (entonces) y corriendo íbamos al trapero porque nos daban ese “duro” (5 pesetas) por cada botella.

Cuando entraba en casa de vez en cuando, bueno concretamente “muy de vez en cuando” una botella de coca-cola, nadie se extrañaba de que la botella estuviese rozada por las partes más salientes, e incluso con algún desperfecto y lo mismo con las botellas de vino de mesa o las cervezas. Las botellas se usaban una y otra vez después de ser higienizadas en las fábricas, y nadie se ponía malo.

No habían bolsas de plástico en las tiendas donde comprábamos los alimentos porque todos usábamos el “cesto”.

Pero hay más cosas y valores que recibí de mis padres que aprendí en forma de “conductas”.

Recuerdo ir con mi madre y mis dos hermanos a comprar ropa. Lo normal era ir heredando las prendas desde el más mayor al más pequeño, pero aun así de vez en cuando estrenábamos algo. Cuando estrenábamos los tres a la vez era ya un “lujo”. Mis padres se esforzaron siempre por darnos todo lo que necesitábamos; nosotros siempre primero.

El detalle que quiero poner en valor en este escrito es algo que mi madre tenía por costumbre hacer cuando íbamos a comprar. Cuando se trataba de comprar ropa para nosotros, no siempre le gustaba o encontraba lo que le gustaba para los tres en la misma tienda. Cuando sucedía esto y ya había comprado por ejemplo los pantaloncillos cortos para los tres en una tienda, y quería comprar las camisetas en otro establecimiento, me pedía que me quedara fuera en la calle con las bolsas de papel donde se vía la marca de la otra tienda. Ella decía que estaba feo entrar a una tienda de ropa con las bolsas de otra donde venden las mismas cosas.

Mi madre tenía claro que quería optimizar al máximo el dinero de que disponía para comprarnos la ropa necesaria, y al mismo tiempo quería respetar al proveedor, a la persona que regentaba la otra tienda. Y yo me quedaba en la puerta con las bolsas esperando a que mi madre saliese. Y así lo asimilé. Mi madre iba con su dinero donde quería ¡claro!, pero no quería ofender a las personas que se esforzaban por vender sus productos, aunque no le encajasen a ella en ese momento.

Ya sabemos que hoy en día hay muchos comercios de diferentes marcas que pertenecen al mismo corporativo, aunque no todos ni mucho menos. Ahora la gente va de tienda en tienda cargada de bolsas de diferentes marcas sin ningún tipo de reparo, y yo que tengo ya unos años, aun soy capaz de detectar ciertas miradas de desagrado en algunas tiendas de solera e independientes regentadas por sus dueños y dueñas, cuando ven entrar en sus locales a las personas con bolsas de marcas que venden los mismos productos que ellos y ellas tienen.

Hoy en día hemos normalizado ver cómo entran varias personas a un bar, piden sus botellas de agua mineral sin gas, y con suerte un refresco o una cerveza, y a continuación sacan de sus bolsas sus opíparos bocadillos sin el más mínimo pudor (¡allí hacen bocadillos también!). Ocupan durante al menos una hora unas sillas, unas mesas, una iluminación, con su calefacción o refrigeración, limpieza y uso de los baños consumiendo un refresco y exhibiendo descaradamente los bocadillos estupendos que se han traído de casa. Es comprensible que si tienes que desayunar fuera de casa todos los días te trigas el bocadillo de tu casa, puestos… trate también el botellín de agua y el termo del café con leche y tómatelo todo en tu descanso en el lugar de trabajo.

Así podría ir enumerando las tiranías a las que los proveedores de hoy en día se ven sometidos en diferentes sectores y niveles.

He querido apelar a los valores perdidos tomando como referencia experiencias vividas hace muchos años antes de comenzar esta serie de “entregas” donde quisiera enumerar todos los maltratos a los que muchos proveedores nos vemos sometidos y que creo firmemente que se dan porque estamos faltos de valores fundamentales.

Continuará.